dilluns, 15 de novembre del 2010

La historia continua. (Aracne Lanek)

- Cada vez tardan más. Como les gusta hacerme esperar. ¡Y sólo quedan cinco minutos para entrar y llego tarde a Química! Dos minutos más y me voy.
Quizá, Aracne debió decir esas palabras un poco antes. A lo lejos pudo divisar a dos personas corriendo como si el demonio fuera tras ellas. Un chico y una chica. El hermano y la mejor amiga de Aracne.
- Lo sentimos, el autobús se retrasó. ¿Entramos? - Se disculpó Viktor Lanek.
Los tres muchachos entraron a toda prisa en el instituto, pero fue demasiado tarde, Robert van Dyke volvió a regañar a Aracne Lanek por haber llegado tarde otra vez, igual que a su compañero de clase, Adrik Janssen. Siempre se encontraban en el pasillo, pero no hablaban nunca. Adrik no era demasiado social, aunque parecía bastante simpático a simple vista.
Aracne era la que siempre destacaba en todo, y no por ser una empollona, precisamente. Ya había cumplido los dieciocho años, pero seguía en Bachillerato un año más por haber suspendido todas las asignaturas del año anterior. Le gustaba estudiar, pero le daba mucha pereza coger un libro.
Vestía de un modo un tanto extravagante. Le gustaba el negro, las cadenas, lo plateado, los pantalones anchos y los pinchos. Su larga melena pelirroja teñida hasta la cintura destacaba notablemente de todo su cuerpo. Siempre llevaba los ojos perfilados en negro, lo que resaltaba más aún sus ojos azules.
Sus pasiones eran la informática y la música. Llevaba ahorrando desde los dieciséis para comprarse una batería, pero nunca tenía dinero, puesto que se lo gastaba en hacerse algún piercing. Tenía dos piercings y un pendiente además de los dos que llevan todas las niñas. Todos la miraban por ello, era la única en todo el colegio a quién le gustaban esas cosas, y a Aracne, le importaba cincuenta pepinillos lo que los demás pensasen acerca de ella.
Para ella, nunca fue un día igual a otro. La novedad de hoy sería que van Dyke, el de Química, la sentaría con Adrik Janssen, el antisocial, como castigo.
Al llegar a su casa, Aracne se conectó al messenger, como era costumbre, y se sorprendió al leer un e-mail, que al parecer también había recibido su nuevo amigo.

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