dissabte, 4 de desembre del 2010

Nuevos amigos. (Skule Nalitch)

A pesar de haberse sentido completamente sola sus dieciséis años de vida, Skule por primera vez sentía que había encontrado a algunos amigos, y encima, compartiría con ellos uno de sus sueños más preciados, un grupo musical.
Desde pequeña, su madre la enseñó a tocar un poco el piano, pero lo que de verdad le gustaba a la pequeña era el bajo eléctrico. Al cumplir los trece años, su abuela le regaló uno, es el único recuerdo que Skule tiene de ella. Desde aquel día, la muchacha no dejaba de tocar ni un segundo. La música para ella era una vía de escape de la realidad, era como un portal entre ella y el mundo que siempre había imaginado.
Al recibir la propuesta de la señorita Durtanoska, Skule aceptó sin pensarlo, dejando caer unas lágrimas de ilusión desde sus almendrados ojos de color plata. Lo que ella no esperaba era que aquellos cinco desconocidos iban a ser compañeros de instituto, que iba a encontrar la verdadera amistad en personas que creía que la odiaban, que pensaban que no tenía corazón. Pero, como siempre, la mente puede engañarnos.
Skule tenía una imagen de sí misma un tanto pesimista. Le gustaba vestir de negro, siempre de negro, así exteriorizaba un poco su sentimiento de odio hacia los demás, y éstos pensaban de ella que era una muchacha rara sin corazón que deambulaba sola por el mundo por no suicidarse, y, en parte, era así. Desde que la pequeña se quedase sin madre ni abuela, nada había vuelto a ser igual. Esos sucesos borraron la sonrisa de su pálida cara enfriando su corazón hasta tal punto de no volver a sentir cariño ni afecto por nadie. No sabía lo que era un amigo ni mucho menos, un novio.
La conexión con Aracne Lanek fue brutal. Nada más conocerla había sentido un aprecio hacia ella y al mismo tiempo la odiaba. No quería perderla y sentía que lo haría. Aracne intentó hacerle comprender que la gente no siempre juzga a los demás por lo que parecen, si no que se limita a conocerlas por lo que son. Eso pareció calmar un poco a Skule y empezar a confiar en los otros cinco muchachos. Había nacido una fuerte unión de amistad más allá del trabajo, y Skule, al fin, sentía la felicidad.

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