dijous, 24 de març del 2011

Nueva Vida. (Markku Sirén)

Hace 16 años, Markku llegó al seno de una familia obrera normal y corriente procedente de algún lugar de Finlandia. Era un bebé muy rubio y con unos ojos azulones enormes y preciosos, además, con el paso de los años se hizo altísimo.
El sueño de Maru (como siempre le llamaban sus amigos), había sido ser músico. Desde pequeño soñó con tener una batería, pero sus padres no podían comprársela porque no tenían suficiente dinero así que Maru no tenía otro remedio que ir a tocar a casa de Thorey, su mejor amiga desde que era un niñito.
Un triste día, su madre tuvo una fuerte discusión con su padre y ella, su hermana Otkatla de sólo 2 añitos y Markku tuvieron que irse a La Haya para vivir con una tía suya y huir de su padre. Allí empezó su carrera como batería, el mismo día que entró en la escuela de la Señorita Durtanoska, a quién siempre le estará agradecida por haberlo ayudado a cumplir su sueño y por hacer que su instalación en ese nuevo lugar fuese más fácil dándole unos nuevos amigos.
Y con ellos creció, y con ellos sigue. Jarko y Ruslana siempre habían sido como sus hermanos, por eso, el día que fueron todos a comprar los instrumentos, Jarko pudo adivinar lo que sentía Maru, y lo que más ilusión le hacía.
Nunca se había creído que llegase a ser un músico y menos en un grupo dónde otros muchachos dependiesen de él, pero gracias al apoyo de sus hermanos, sus otros amigos y compañeros y su hermana Otkatla, que desde que supo el sueño de su hermano mayor estuvo a su lado incondicionalmente, Markku empezó a creerse que su único sueño estaba haciéndose realidad. Y tenía que aprovecharlo al máximo.

diumenge, 9 de gener del 2011

Esto no puede acabar ahora.

- Lo siento, pero yo ya no puedo más. Llevamos ensayando más de dos meses una canción realmente sencilla y somos incapaces de hacerla bien por culpa mía. Creo que lo mejor será que deje el grupo, no sirvo para estas cosas.
- Markku, no digas eso. Tú posees el instrumento imprescindible. Headless Sixteen funcionaría igual sin Skule, Aracne, Adrik, Ruslana y yo, pero tú... Markku, te necesitamos, eres el alma del grupo, sin ti no vamos a ningún sitio. No nos puedes abandonar.
- Jarko, reconoce que sin mí iréis muchísimo mejor. Podéis pedirle al chico nuevo que sea él el batería, sabe tocarla a diferencia de mí.
- A ver, chicos parecéis tontos, de verdad. Markku, sabemos que la batería es difícil, y que a veces quieras dejarlo todo pero... ¿Qué fue de la promesa que hicimos?¿Qué pasaría con nuestro pacto musical?
- Tienes razón, Skule. Si os abandonase ahora, sería traicionaros. Sigamos con lo que estábamos haciendo y olvidemos lo sucedido.


Y así fue. El resto del ensayo se sucedió rápido y sin ningún problema. Desde que los muchachos empezaron los ensayos todo habían sido dudas sobre la longevidad de Headless Sixteen, hasta que Skule, habló uno por uno y los convenció a todos a seguir adelante y cumplir su sueño.

dijous, 16 de desembre del 2010

Una batería y otros instrumentos.

- ¡Chicos! Recordad que después de clase tenemos que ir a comprar las cosas que nos faltan. Skule, no hace falta que vengas si no quieres, eres la única que lo tiene todo. - dijo Aracne cuándo terminó el recreo.
- Iré. Me apetece estar con vosotros. ¡Esperadme, eh! - la respuesta de la muchacha sorprendió a su amiga. Aracne creía que Skule no querría ir, puesto que no le gustaba mucho la gente.
- Nos vemos luego entonces. ¡Me voy corriendo que no llego a Latín!
- Hasta después, Markku. - respondieron todos riéndose a carcajadas. Markku nunca aprendería a ser puntual. Ni siquiera en un examen.

...

18h. Los muchachos ya estaban todos en la puerta dispuestos a marcharse. Recogieron sus cosas y emprendieron el camino que había desde el instituto hasta la tienda de música del viejo Hans, al lado del museo de arte moderno. Mientras andaban, imaginaban como cambiarían las cosas una vez comenzase todo. Sabían que cuándo llegase ese momento no podían volver atrás, así que si alguien no quería seguir, ahora era el momento para echarse atrás pero la amistad que había nacido entre ellos los mantenía unidos y ninguno quería dejar el proyecto.
La señorita Durtanoska les había proporcionado el suficiente presupuesto como para adquirir artículos de una calidad decente, pero sin pasarse. Los adolescentes miraban entusiasmados a todas partes sin saber donde acudir primero, menos Markku. Nada más entrar, había visto una batería roja y plateada que le llamaba muchísimo la atención. Se imaginaba sentado, con las baquetas que le regaló su hermano para Navidad del año anterior, en un concierto con sus compañeros, tocando a esa pequeña preciosidad. También imaginaba que el bombo llevaba el nombre del grupo y algunos otros dibujos. Su imaginación le estaba haciendo sonreír inconscientemente.
- ¡Markku, tío! Despierta, anda. Sólo faltas tú.
-¿Eh? Ah sí, claro. Jarko, mira la batería que tienes enfrente tuya y dime qué te parece.
- Está muy chachi, tío, y encima se adapta a nuestro presupuesto. ¿La quieres, verdad?
- Sí. No nos engañemos. Muchas gracias, chicos.
Una vez lo tuvieron todo, lo llevaron al instituto con el remolque que les había dejado Hans, el dueño de la tienda. Una vez todo descargado, los muchachos se fueron a sus casas pensando cómo podría continuar todo aquello.

dissabte, 4 de desembre del 2010

Nuevos amigos. (Skule Nalitch)

A pesar de haberse sentido completamente sola sus dieciséis años de vida, Skule por primera vez sentía que había encontrado a algunos amigos, y encima, compartiría con ellos uno de sus sueños más preciados, un grupo musical.
Desde pequeña, su madre la enseñó a tocar un poco el piano, pero lo que de verdad le gustaba a la pequeña era el bajo eléctrico. Al cumplir los trece años, su abuela le regaló uno, es el único recuerdo que Skule tiene de ella. Desde aquel día, la muchacha no dejaba de tocar ni un segundo. La música para ella era una vía de escape de la realidad, era como un portal entre ella y el mundo que siempre había imaginado.
Al recibir la propuesta de la señorita Durtanoska, Skule aceptó sin pensarlo, dejando caer unas lágrimas de ilusión desde sus almendrados ojos de color plata. Lo que ella no esperaba era que aquellos cinco desconocidos iban a ser compañeros de instituto, que iba a encontrar la verdadera amistad en personas que creía que la odiaban, que pensaban que no tenía corazón. Pero, como siempre, la mente puede engañarnos.
Skule tenía una imagen de sí misma un tanto pesimista. Le gustaba vestir de negro, siempre de negro, así exteriorizaba un poco su sentimiento de odio hacia los demás, y éstos pensaban de ella que era una muchacha rara sin corazón que deambulaba sola por el mundo por no suicidarse, y, en parte, era así. Desde que la pequeña se quedase sin madre ni abuela, nada había vuelto a ser igual. Esos sucesos borraron la sonrisa de su pálida cara enfriando su corazón hasta tal punto de no volver a sentir cariño ni afecto por nadie. No sabía lo que era un amigo ni mucho menos, un novio.
La conexión con Aracne Lanek fue brutal. Nada más conocerla había sentido un aprecio hacia ella y al mismo tiempo la odiaba. No quería perderla y sentía que lo haría. Aracne intentó hacerle comprender que la gente no siempre juzga a los demás por lo que parecen, si no que se limita a conocerlas por lo que son. Eso pareció calmar un poco a Skule y empezar a confiar en los otros cinco muchachos. Había nacido una fuerte unión de amistad más allá del trabajo, y Skule, al fin, sentía la felicidad.

divendres, 3 de desembre del 2010

Un e-mail un tanto extraño.

Aracne Lanek y Adrik Janssen, habéis sido seleccionados para participar en la banda de música que intenta organizar nuestro colegio. La razón, vuestra gran afición a la música. También sabemos que sois también amantes de la informática y la fotografía, respectivamente, lo cual también os puede servir de ayuda a la hora del marketing.
Por favor, reuníos con nosotros mañana, a la hora del recreo en el auditorio. Muchas gracias.
Atentamente,
Halle Durtanoska.


Sencillamente, increíble. Los dos chavales no podían creérselo. Estaban bastante ilusionados, aunque no sabían qué estilo tocaría la banda. Les costó muchísimo dormirse.

- ¡Aracne, Adrik! Habéis venido, pensaba que no lo haríais. - Les saludó Halle, la directora del instituto y creadora del e-mail.
- Hola, señorita Durtanoska. - Respondieron los dos adolescentes a la vez.
- Acompañadme, por favor.


Los chicos obedecieron y conocieron a sus compañeros, Skule Nalitch, Markku Sirén, Jarko Koch y Ruslana Salo. Los seis muchachos eran más o menos de la misma edad, aunque estaban todos en cursos distintos, tenían unos gustos más o menos parecidos respecto a la música y cada uno tocaba un instrumento (o dos) diferentes, que de eso se trataba en un principio.
El primer día no hicieron gran cosa, únicamente les dio tiempo a presentarse, hablar un poco y repartir los instrumentos. Los chicos buscaron un nombre para el proyecto, decidiendo llamarlo HeadlessSixTeen.

dilluns, 15 de novembre del 2010

La historia continua. (Aracne Lanek)

- Cada vez tardan más. Como les gusta hacerme esperar. ¡Y sólo quedan cinco minutos para entrar y llego tarde a Química! Dos minutos más y me voy.
Quizá, Aracne debió decir esas palabras un poco antes. A lo lejos pudo divisar a dos personas corriendo como si el demonio fuera tras ellas. Un chico y una chica. El hermano y la mejor amiga de Aracne.
- Lo sentimos, el autobús se retrasó. ¿Entramos? - Se disculpó Viktor Lanek.
Los tres muchachos entraron a toda prisa en el instituto, pero fue demasiado tarde, Robert van Dyke volvió a regañar a Aracne Lanek por haber llegado tarde otra vez, igual que a su compañero de clase, Adrik Janssen. Siempre se encontraban en el pasillo, pero no hablaban nunca. Adrik no era demasiado social, aunque parecía bastante simpático a simple vista.
Aracne era la que siempre destacaba en todo, y no por ser una empollona, precisamente. Ya había cumplido los dieciocho años, pero seguía en Bachillerato un año más por haber suspendido todas las asignaturas del año anterior. Le gustaba estudiar, pero le daba mucha pereza coger un libro.
Vestía de un modo un tanto extravagante. Le gustaba el negro, las cadenas, lo plateado, los pantalones anchos y los pinchos. Su larga melena pelirroja teñida hasta la cintura destacaba notablemente de todo su cuerpo. Siempre llevaba los ojos perfilados en negro, lo que resaltaba más aún sus ojos azules.
Sus pasiones eran la informática y la música. Llevaba ahorrando desde los dieciséis para comprarse una batería, pero nunca tenía dinero, puesto que se lo gastaba en hacerse algún piercing. Tenía dos piercings y un pendiente además de los dos que llevan todas las niñas. Todos la miraban por ello, era la única en todo el colegio a quién le gustaban esas cosas, y a Aracne, le importaba cincuenta pepinillos lo que los demás pensasen acerca de ella.
Para ella, nunca fue un día igual a otro. La novedad de hoy sería que van Dyke, el de Química, la sentaría con Adrik Janssen, el antisocial, como castigo.
Al llegar a su casa, Aracne se conectó al messenger, como era costumbre, y se sorprendió al leer un e-mail, que al parecer también había recibido su nuevo amigo.

divendres, 12 de novembre del 2010

El principio del comienzo. (Adrik Janssen)

Ocho y media de la mañana. Aparentemente, un Martes como cualquier otro. Los estudiantes de ese maldito instituto el cual Adrik odiaba tanto, se apresuraban por entrar y lo llegar tarde a clase, en cambio, él, cómo siempre y sin excepciones volvía a llegar tarde.
Adrik era un muchacho de unos diecisiete años, a simple vista, un adolescente normal. Tenía unos brillantes ojos grises y un cabello negro que era digno de acariciar de lo suave que era, aunque Adrik tenía la costumbre de peinárselo hacia arriba, cosa que hacía perder toda aquella suavidad. Estaba bastante delgado y eso para su madre suponía un problema. Creía que su hijo padecía de anorexia, pero realmente era su constitución ósea y tampoco estaba tan exageradamente escuchimizado.
En la vida de Adrik sólo importaban dos cosas: la música y la fotografía. Lo demás le importaba cincuenta pepinillos. Estudiaba, sí, como la mayoría de los mortales en estos tiempos, le gustaba, sí, pero no quería dedicarse a nada que no fuese o fotógrafo o músico. Y si algo caracterizaba a Adrik era que era muy cabezota y, hasta que no lo consiguiera, no dejaría de intentarlo. Pasase lo que pasase. Costase lo que costase.
Al entrar por la puerta, el profesor van Dyke, el de Química, volvió a regañarle, otra vez, por la misma razón de siempre. Pero la puntualidad no era la mayor virtud de Adrik.
El día pasó como un Martes normal, clases, clases y más clases. Aún no era capaz de entender por qué había elegido hacer Bachillerato y más aún, el Científico.
Parece que el rumbo del día se torció hacia unas tierras más interesantes cuándo recibió un e-mail mientras redactaba el informe que le había mandado Robert van Dyke, su más odiado profesor.